Gabriela Ottogalli, El compromiso en el escenario de la vida


Entrevista realizada por SVILEL Pepén que quiere decir 'el vuelo de la mariposa' en lengua tsotsil, una de las lenguas indígenas más habladas en el estado mexicano de Chiapas. SVILEL Pepén es un espacio donde se comparten experiencias, trayectorias, rutas y trazos de personas que han decidido salir del huevo y apostar por sus ilusiones, sueños y proyectos

La cita es a media mañana en La Casa de la Enseñanza, un espacio cultural de la ciudad de San Cristóbal de las Casas donde conviven exposiciones, talleres, obras de teatro, danza… Gabi llega como una exhalación, sobre su bicicleta, pasando al ladito de los coches. Su inconfundible cabellera rojiza ondea al viento, dejando un rastro de pensamientos, vida, frescura . .

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Gabi nos saluda de forma afectuosa. Sentimos sus atisbos de nerviosismo y curiosidad. Nos confiesa que no le gusta hacer entrevistas. Le agradecemos mucho esta excepción y pronto nos adentramos en una conversación repleta de recuerdos y vivencias que nos llevan a viajar por paisajes de la Patagonia argentina, visitando estaciones llenas de compromiso, ilusión y reflexiones sinceras a través de personajes, tiempos y espacios pretéritos, presentes y futuros

¿Por qué crees que queremos hacerte una entrevista?

Creo que todo el mundo tiene algo interesante que contar. En mi caso creo que tiene que ver con cierto optimismo, con las ganas de otra cosa.

El teatro te ha acompañado desde bien niña, ¿qué es lo que te hizo apostar por el teatro?

La posibilidad de encontrarme conmigo misma, en el sentido de un tiempo-espacio sin juicio, el tiempo interno de creación, de ensayos, de conocimiento sobre ti misma y, de un espacio que tiene que ver con la comunicación, la exposición, el encuentro con l@s otr@s.

Si ahora pienso diría que lo que me hizo apostar por el teatro fue haberme formado en el movimiento independiente del teatro, la continuidad, la porfía de las y los compañeros en el hacer, el teatro como la conjugación de la creación, la discusión, la disciplina. Y la posibilidad de que suceda en el aquí y el ahora algo “extra”. Su presente, su verdad posible. En la vida me cuesta un montón y el teatro me da esta posibilidad de estar presente. A veces me pierdo la posibilidad, termina la función y una sabe que no fue, que no sucedió, que no hubo presente.

¿Qué crees que aporta a nuestra sociedad?


El detenernos y estar aquí. Cuando sucede con el público, lo sabes, lo sientes. Nos deja huella. Si sucede no es desde el pensamiento y la razón, algo nos toca que nos hace más humanas.

El nombre de tu compañía es Katanga Teatro, ¿por qué se llama así?

En mi región, le decimos Katanga a un carro (coche) viejo pero que sigue funcionando. Es la imagen que tengo yo, capaz que no es así, no sé. Un carro que de pronto se frena, pero después acelera y tiene impulso. Y me gusta el sonido de la palabra. Tiene algo duro, resistente.

A lo largo de tu recorrido has desempeñado varios papeles (como actriz, tallerista, directora, etc.) ¿Cuál crees que es el papel que desempeñas en la vida?

Uy que dificil, ¿el de animar-animarme? ¿Movilizar-movilizarme? Capaz que está partid: promover y estar. Cada vez más, hay un espacio de creación personal que alimento para el trabajo. Es dialéctico. Y no sólo tiene que ver con el teatro.

¿Hay alguno que disfrutas más?

Quizás el trabajo de creación y de ensayo. Creo que es el espacio que hace posible lo otro.

¿Qué te aporta cada una de estas facetas?

En los talleres siento que no hay una única manera de trabajar, con cada grupo es diferente. Estás reinventando continuamente, a veces es agotador, de todos modos prefiero apostar para que sea así. No me gusta sistematizar, no sé hacerlo, mañana todo puede cambiar. Por suerte otras personas lo hacen! Muchas vivencias se te hacen piel, y después este material es el que te permite crear. Agradezco en el teatro la capacidad de crear y transformar con todo lo que te va pasando. Tanto en la creación personal y el trabajo en grupos aprendo que hay cosas que no puedes prever, a confiar en otras lógicas, a estar despierta y presente.

¿Sientes que hay personajes que se han apoderado o viven en ti?

Dejas de hablar de personajes. El personaje eres tú. ¿Cuál es la frontera? Tengo un impulso de producir muchas cosas, de no parar, hay algo o mucho urgente. Voy eligiendo lo que hago, la decisión de trabajar y apostar desde lo que hago. Hay vivencias, hay sensaciones en el cuerpo, hay historias, hay gestos que viven en ti y parece que en el momento de la creación se hacen visibles.

¿De toda la infinitud de personajes que has interpretado cuáles dirías que te acompañan o te definen?

Antígona. Me gustaría tener de ella muchísimo. La tarea ha sido intentar despegarme de ella dentro del teatro; mucho de lo que hice después estaba teñido de ella, quien sabe, tal vez por la fuerza que me implicaba o tal vez porque encontré un registro que desconocía y del que me quedé pegada por la admiración que ese personaje me produce. Antígona implicaba de mí mucha fuerza, tenía que hacer un salto muy grande para poder entrar a escena. De por sí tengo miedo antes de entrar al escenario… y en Antígona particularmente mucho más miedo, no podía sostenerlo. De Antígona, en particular, me atrapa la convicción, la entereza, el valor.
Sin embargo, la hermana de Antígona es el otro personaje con el que probablemente más tenga que ver en la vida. De hecho, ella era la protagonista en esta versión que escribió Luis Sarlinga (adaptación libre de Watanabe). Ismenia, la antítesis: la que no se animó, la que fue vencida por el miedo. Me siento incluída en esta parte. La hermana, la que mira y no se anima, la que prefiere no saber, tengo en muchos momentos de esto.

Y por cierto, en el lado opuesto y complementario, otro personaje que me define es el clown: Margarita. La que me lleva, la que anda. El impulso, el optimismo, la liviandad. El universo sin palabras, de la mirada.

De alguna forma, cuando hablas del miedo escénico, y en particular de la fuerza de Antígona, ¿es desde la mirada de la hermana?

Una maestra argentina que tenía de teatro me decía “cuando te metes en cosas fuertes no puedes quedar invicta”. Cuando te estás metiendo, y más con estos personajes, van a venir cosas que tú no puedes dominar. Entras en zonas muy oscuras tuyas. Hay días que por mucho que quieras aprenderte un texto no lo puedes agarrar.

¿Qué tiene de especial el clown?

En el clown lo fundamental es que no haya máscara. La máscara para que la máscara desaparezca. Es un suspiro, es presencia, es ahí donde quieres estar. Se mueve siempre en la fragilidad, el permiso. El clown se permite jugar con la estructura que hemos aprendido de contención. Desaprender lo que vamos aprendiendo. Esto creo que sería el ideal, me falta mucho camino: a veces se respira y a veces hago teatro…

¿Todos tenemos un clown?

Sí. Tapadísimo a veces. En algunas personas les salta el espíritu, sin la materia.

¿Qué te hizo volar hasta Chiapas?

Vine a un festival internacional al norte de México con una maestra y compañera sureña, Luisa Calcumil, gran actriz y mujer de saber. Creo que siempre es una combinación de muchas cosas, puedo decir que “La marcha del color de la tierra” y el impacto que me produjo al verla en las noticias tiene mucho que ver con el impulso de venir aquí, con la necesidad de conocer esa otra mirada que estaba sucediendo aquí.

¿Qué es lo que hace que sientas que éste es, aquí y ahora, tu lugar?

Que aun en un contexto cada vez más complejo y difícil, siento que hay posibilidades en el encuentro con otras personas de construir algo diferente. No hay condiciones y, al mismo tiempo, están todas las condiciones. San Cristóbal, en este sentido, nos da tantas posibilidades de encuentro, de tantas relaciones, de tanta esperanza dentro de la desesperanza. Siempre tienes la sensación de que se puede. Lo vemos por ejemplo en el Cereso (Centro de reinserción social), un lugar donde estamos trabajando como ‘Colectiva Cereza’, trabajamos con compañeras que están viviendo presas de libertad y el hacer colectivo hace posible lo que parece imposible.

¿Para aquellas personas que no saben nos puedes contar qué es el Cereso?

Es el Centro de reinserción social, lo que sería la cárcel aquí en México. Trabajamos como “Colectiva Cereza”. Somos una colectiva de personas que facilitamos un diplomado a las compañeras que están presas de libertad, acompañamos procesos humanos y legales, tanto dentro del CERESS (Centro de reinserción social) como afuera, a las compañeras que salen y se encuentran sin redes de apoyo y sin posibilidades de retornar a sus familias y lugares. Existe Casa Cereza, una casa auto-gestionada en la que pueden vivir con sus hij@s. Situaciones de vulnerabilidad extrema, de abandono muy grande, no sólo de las instituciones, sino de las familias y abandono de la sociedad en general. Te das cuenta que, en un sistema injusto como el que vivimos, todas somos vulnerables. Que las mujeres todavía más. Y que es nuestra responsabilidad involucrarnos.

¿Qué les aporta el teatro a las mujeres en situación de vulnerabilidad?

Puede aportar lo que creo que el teatro puede aportarnos a todas las personas: el encuentro de lo emocional, lo vivencial, lo mental, el juego, la confianza, las preguntas, la discusión, la risa, el aire, la palabra, el fortalecimiento con el grupo, la consciencia de la fuerza que tenemos, en cualquier situación que estemos. Lo que nos pertenece, lo que nos hace. El teatro foro es una herramienta poderosa y trabajamos mucho con ella.

Te vimos actuando hace unas semanas en Nadies, una obra de creación colectiva que refleja la situación de los migrantes a partir de sus testimonios. ¿Tiene algún vínculo con esta experiencia en la cárcel?

Tiene que ver, aunque una primera idea de Nadies apareció hace muchos años con la inquietud de trabajar la problemática de la migración, pero no se llegó a concretar. Posteriormente, surgió la oportunidad de poner en marcha el proyecto, se aceleraron los procesos y se estrenó el año pasado. En la cárcel, claro, hay un montón de vivencias y situaciones fatales de compañeras latinoamericanas migrantes que aparecen plasmadas en la obra, vivencias que se te hacen piel.

¿Te gustaría que Nadies pudiera ser una herramienta de sensibilización en escuelas e institutos?

Nadies tiene que ver con sensibilizarnos y eso es para todas las personas, tanto para las que hemos migrado en condiciones óptimas como para las que no son migrantes, tanto para adult@s como para más pequeñ@s: todas y todos podemos aportar y crear un espacio para dialogar desde el respeto humano. Y precisamente es lo que no está pasando ahora: el respeto está demolido. Es una responsabilidad que tenemos tod@s: hacer que esto cambie, que cambiemos las condiciones actuales para l@s migrantes. Son responsabilidades políticas y son responsabilidades sociales que nos toca asumir, denunciar, visibilizar.
[Cada año 400.000 migrantes cruzan México. Más de 10.000 migrantes son víctimas del crimen organizado.

¿Es difícil para ti poner límites a tu implicación en estas situaciones y realidades?

Si algo hemos compartido con el equipo con el que trabajamos en la cárcel es nuestra apuesta por implicarnos: construimos con las compañeras relaciones afectivas. Nos involucramos, claro que sí, tenemos una relación emocional y corporal muy fuerte. Te indignas muchas veces, y la indignación es un motor para accionar y que pasen cosas. Sigues trabajando para buscar estrategias para que no se quede en un muro con el que te das en las narices y para buscar maneras para salir de los ‘no’ con los que nos encontramos. Ahí toca hacer un ejercicio muy grande. Y en equipo es posible.

¿Qué proyectos tienes previstos a medio plazo?

Hay algo muy bonito, desde hace tres años nos formamos como grupo de teatro independiente “Xojobal A’ntz” (‘reflejo de mujer’ en lengua tsotsil), que coordino. Ahora retomamos y eso me hace muy feliz. Es un grupo de mujeres que han migrado de sus comunidades a San Cristóbal por diferentes razones, historias de vida que nos abren el mundo.

Estoy también con ensayos para hacer un nuevo proyecto de clown sola. Me gustaría presentar este nuevo espectáculo en octubre, en una gira en Argentina a la que me han invitado.

Haces muchas cosas desde la vertiente del teatro social, ¿cómo lo definirías?

Me gusta más hablar de teatro popular, combinar lo que creemos necesario. Hay herramientas transformadas, mezcladas, situadas, del teatro del oprimido, de la creación colectiva, del clown, del teatro espontáneo, para activarnos creativamente, para ponernos en juego ante lo que nos pasa o preocupa en cada grupo, para encontrarnos, para darnos confianza.

¿Qué huella te gustaría dejar?

Que pudieran decir que viví. Cuando alguien vive intensamente me despierta. Si vivo, quizás también refleja a alguien y le despierta. Quien sabe.

¿Alguna pregunta que querrías que te hiciéramos?

Me gustaría tener la sensación de no haber hecho tiempo. Porque hacer tiempo es estar en otra: por costumbre, por comodidad, por miedo…, por montones de cosas, a veces, hacemos tiempo.

¿Alguna pregunta que te gustaría hacerte?

Pregúntate si es esto todo lo que puedes dar aquí o lo haces por inercia… En algún momento sentí que podía hacerlo todo. Después fui seleccionando y tratando de hacer lo que me era más afín. La actividad para los que somos hiperactivos es una gran distracción, puede ser ruido, podemos ‘hacer tiempo’.

¿Qué significa Svilel Pepen para ti?

Es muy hermoso y al mismo tiempo muy frágil. La belleza, la fragilidad al mismo tiempo.

¿Hasta dónde te gustaría volar?

No sé, capaz que daría vueltas.

Me gustaria dedicar la entrevista a mi madre que siempre apoyó el camino elegido, que nos enseñó a elegir y amar lo que hacemos.

Fuente: SVILEL Pepen

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